Messi, el más desigual de todos… ¡por suerte para nosotros!

¿Qué es la desigualdad? ¿Será la desigualdad lo que realmente preocupa a Lío Messi? ¿Es un problema? ¿Es correcto luchar contra ella? ¿Se la puede corregir? ¿Se la debe corregir? ¿Cuáles son las consecuencias de esa lucha anti-desigualdad?

Portada del artículo “Se puso la 100” de La poderosa. Imagen tomada de https://cutt.ly/MgzFPX2

 

En un artículo de una revista (“La garganta poderosa”), el astro del fútbol mundial, Lionel Messi, hizo unas declaraciones que, como todo lo que hace y dice “Lío”, se desparramó por el mundo entero en cuestión de segundos. “La desigualdad es uno de los grandes problemas de nuestra sociedad y hay que luchar para corregirla cuanto antes”, dijo el 10 del Barça y la Selección Argentina de Fútbol. Y las preguntas que me surgen al leerlo, son varias.

¿Qué es la desigualdad? ¿Será la desigualdad lo que realmente preocupa a Lío Messi? ¿Es un problema? ¿Es correcto luchar contra ella? ¿Se la puede corregir? ¿Se la debe corregir? ¿Cuáles son las consecuencias de esa lucha anti-desigualdad? Y hay más… muchas preguntas más para analizar, debatir y llegar a conclusiones.

Cuando el bombardeo constante, desde los medios de comunicación, desde la cultura, desde la política, desde la educación –en todos sus niveles–, de conceptos, ideas, relatos amañados que buscan distorsionar la realidad, la historia, la ciencia, etc., graba en las mentes de las personas ideas equivocadas, no se puede acusar a éstas de ignorantes. Si en la escuela nos enseñan que 2+2 es igual a 4, y así se nos queda grabado, nadie podría llamarnos “ignorantes”, entonces si la lección que constantemente nos enseñan en clase es “La desigualdad es mala, hay que acabar con ella”, tampoco podríamos permitir que nos llamen ignorantes. Es misión de quienes tuvimos la suerte de encontrar el lado oculto de la biblioteca, difundir la verdad de esos conceptos errados y dañinos para la vida en sociedad.

Y “desigualdad” es una de las ideas que más poder está teniendo en todo el mundo. Para citar un ejemplo cercano, pensemos en Chile. La palabra desigualdad, teñida de colores tétricos que aterrorizan a la gente, ha ido socavando a la sociedad chilena al punto tal de hacer tambalear esa ejemplar estabilidad y hacer retroceder a nuestros hermanos chilenos, varios pasos en ese sendero de sorprendente crecimiento y desarrollo que tanto sacrificio les costó tomar.

Entonces… ¿debemos dejar pasar esta mentira política de que la desigualdad es un mal contra el que tenemos que luchar? ¿Podremos estar tranquilos con nuestra consciencia si permitimos que se le siga mintiendo a la gente? Rotundamente ¡NO!

¿Qué le preocupa a Lío?

Evidentemente “El 10” tiene recuerdos de sus primeros años de vida, allá en su Rosario natal, pateando pelotas por callejones, potreros, y canchitas de divisiones inferiores del club de sus amores. En ese tiempo habrá visto por todas partes, las consecuencias visibles de un problema que hiere de muerte a toda sociedad. ¿Pero cuál era ese problema que Lío veía en las calles, en sus compañeros de Newell’s Old Boys, en todas partes? ¿Era la desigualdad o era… la pobreza?

¿Qué le preocupaba al futuro dios de los catalanes? ¿Que Don José, el golosinero que llevaba su mercadería en una bicicleta a la puerta del club, tuviera la billetera llena de billetes y la bici repleta de golosinas, gaseosas y figuritas? ¿Sentía desprecio por Don José, que a la vista de aquellos niños “tenía tanto” y no se lo regalaba a ellos, al menos al arquerito Ariel?

Si volvemos al tema del “bombardeo de conceptos errados”, tenemos que suponer que todos, en mayor o menor medida, miraban con recelo al pobre vendedor ambulante Don José, y con pena al pobre arquerito Ariel. Y en ese momento, lo que habían aprendido en la escuela, la tele, la iglesia, etc., se confirmaba: la desigualdad es mala. Pero nadie reparaba que el auténtico problema lo tenía aquel por el que sentían pena, y que la solución a ese problema era hacer cosas similares a las que hacía el hombre que miraban con recelo. Ariel era pobre. Don José, intentaba salir de la pobreza.

Malas decisiones de los padres de Ariel, mala suerte, accidentes de la vida, contextos complicados, y un largo etcétera de causas posibles de la pobreza de Ariel. Interés personal, necesidades, empeño, oportunismo, especulación, un poco de buena suerte y un largo etcétera de causas posibles de la situación menos desgraciada de Don José. Toda esa realidad quedaba oculta, invisibilizada detrás del mensaje hegemónico de que la desgracia era que uno tenga tanto y el otro nada. De que fueran desiguales.

Ahora Messi es un “Don José” muy particular: tiene de clientes a casi toda la humanidad. Y nos vende las golosinas de sus gambetas, sus pases, sus goles. Le pagamos las entradas a los estadios, nos suscribimos a servicios de televisión solo para verlo jugar, compramos videojuegos con su cara, camisetas blaugranas y albicelestes con su nombre, solo porque tiene su nombre encima del “10”, compramos revistas, periódicos y todo lo que salga con fotos, informes y declaraciones de él.

Y hay infinidad de “Arielitos” que quisieran entrar al estadio, comprarse la camiseta, jugar al FIFA para elegir el Barça, mirar sus partidos en la TV… pero no pueden.

¿Es culpa de Messi que esos “Arielitos” no puedan acceder a sus “golosinas futboleras”? ¿Debemos hacer algo para que la distancia, diferencia… desigualdad actual entre Lío y Ariel se acorte, vuelva a ser como cuando peloteaban en el barro rosarino?

¿Debemos hacer que Ariel llegue a tener la fama, el dinero y los records que tiene Lío? ¡Qué alguien me explique cómo! Ariel deberá simplemente ser dejado tranquilo, libre, para que pueda explorar y explotar sus habilidades y capacidades y tratar de triunfar en lo que él desee o en lo que más le convenga. Si llega al nivel de Messi, ¡genial!… pero si no lo logra, de nuevo ¿Qué culpa tiene Messi?

“Hacer algo” para acortar las enormes distancias entre Lío y Ariel es imposible. Es realmente imposible lograrlo por la fuerza, porque aplicando la fuerza para intentar “igualar”… alguien saldrá lastimado a corto plazo… y todos gravemente heridos a largo plazo.

¿No estarán pensando acaso en…? ¡Silencio! ¡Ni lo digan!

¿Quitarle a Messi, que “tiene mucho” y dárselo a Ariel que no tiene nada? (no se si los editores me permitirán poner emojis… pero me vendría bien ese que se está tapando la cara con una mano). Sólo hay una, y sólo una, forma de que eso pueda pasar y es que voluntaria y libremente Lío quiera, generosa y solidariamente ayudarlo de alguna manera a Ariel. Cualquier otro modo de redistribución forzado que se les ocurra es violencia, es inmoralidad y a largo plazo es más pobreza.

Una vez realizado el crimen de quitarle a uno para darle a otro, la situación general puede que no haya cambiado o que haya empeorado, pero jamás puede mejorar. Jamás. Supongamos que tenemos dos personas… un rico y un pobre. El rico tiene 200 y el pobre tiene 0. El pobre anhela tener los 200 del rico. La situación nos parece injusta, entonces intervenimos buscando igualdad y le quitamos al rico 100 para dárselo al pobre. Ahora ambos tienen 100 cada uno. Evidentemente la situación en líneas generales sigue siendo la misma. Porque en esa pequeña sociedad sigue habiendo 200 en total. ¿Repartido? Sí… Pero la “riqueza” de esa sociedad sigue siendo la misma. Y con un detalle: esa sociedad que se engalanaba de tener a la mitad de su población “rica”, ahora… no tiene a nadie en esa condición.

Pero hay otro problema, un tercer personaje en esta historia: El Redistribuidor.

El Redistribuidor es el encargado de quitarle a uno y de darle lo quitado al otro. Y para su “sagrado” trabajo requiere cobrar un salario… el cual, debido a su importante función pública, seguramente será más alto que el salario medio y mucho más alto que el salario mínimo. ¡Se lo merece! ¡Ayuda a los pobres! (¿algún emoji para sarcasmos, editores? por favor).

Veamos que pasa: El redistribuidor le quita al rico 100 de los 200 que tiene. Le da al pobre 30 y se queda con 70 como pago por su “trabajo”. No voy a seguir ahondando en estos simples y bobos ejemplos, solo quisiera que se detengan a pensar en como funciona todo en la realidad. En las enormes injusticias que se cometen por luchar contra algo que no debe ser siquiera tenido en cuenta. En los enormes e insalvables daños que provoca en la sociedad, que tipos que tienen el absoluto monopolio de las armas y las leyes, se pongan a decidir y regular quienes deben ser ganadores y perdedores. Daños que derivan siempre en que jamás existan ganadores… solo perdedores.

(Fe de erratas: Sí, existen ganadores… son los que tienen las armas y las leyes… Los Redistribuidores.)

Nosotros, los Arielitos de la vida, somos quienes hicimos ricos a los Messis. Nosotros dándoles a ellos lo que ellos, según nuestras subjetivas valoraciones, valían.

Ellos, los Messis de la vida, nos hicieron también ricos a nosotros. Porque nos entregaron bienes y servicios, las “golosinas” que nosotros anhelábamos o necesitábamos. Cosas, éstas, que hicieron mejores nuestras vidas, y si algo nos hace estar mejor, vivir mejor… quiere decir que salimos de una situación mala, para estar en una mejor situación. Es decir… nos volvimos ricos, ¡dejamos de ser pobres!

Sólo hay una igualdad posible y deseable, y perdonen que sea tan repetitivo. Es la igualdad en el reconocimiento de los derechos que por naturaleza poseemos. Todos los seres humanos, sin distinción alguna, deben ser respetados en el uso, disfrute, aprovechamiento, y lo que le venga en gana, de su vida, su libertad y de lo que sea de su propiedad. De ahí en más… con esa única igualdad admitida, las sociedades podrán ser igualitarias o desiguales, no interesa en lo más mínimo eso. Lo que realmente importa es que serán sociedades donde reinen la justicia y la moral.

Las sociedades en las que se imponga el culto a la igualdad de oportunidades o la igualdad de resultados, no solo que no se solucionará nada con ello, sino que se generará una nueva desigualdad antinatural: los ricos redistribuidores, los saqueadores que poseen las armas y redactan las leyes. Y es sencillo darse cuenta que esas sociedades serán profundamente injustas e insoportablemente inmorales.

 

Entonces:

¿Qué es la desigualdad? ¿Es un problema? Es una situación… un fotograma de una película eterna, que si es natural, espontánea, dada por la libre interacción de los seres humanos, no es ningún problema. Es más, en ocasiones es el motor del desarrollo económico y social de los individuos.

¿Será la desigualdad lo que realmente preocupa a Lío Messi? El cree que sí, es lo que a él y a todos nos han enseñado. Pero lo que lo pone mal, muy mal, a Lío y a todos nosotros, es la pobreza.

¿Es correcto luchar contra la desigualdad? No. Cambiar por la fuerza lo que la sociedad hizo voluntariamente, es dañino, es generador de injusticias y de más pobreza.

¿Se la puede corregir? Es imposible.

¿Se la debe corregir? Es injusto. Es inmoral.

¿Qué igualdad hay que lograr? La igualdad en el reconocimiento y respeto de los derechos que por naturaleza cada individuo posee.

¿Qué desigualdad hay que combatir? La generada por la intervención coactiva de las personas que, gracias al uso monopólico de la fuerza y las armas, y a la redacción también monopólica de leyes, tienen el poder de decidir los ganadores y perdedores dentro de una sociedad que debería ser libre.

Me quedaron muchas cosas por decir, por analizar, por debatir… es muy probable, amigos lectores, que haya una segunda parte. Queda en ustedes la decisión… ¡espero sus devoluciones!

 

Rosario, 29 años más tarde…

Ariel acaba de llegar a casa. Fue al centro a comprar un televisor nuevo. Cerró temprano el taller mecánico de su propiedad y corrió a comprar la tele. Y a toda prisa regresó a casa. Su esposa e hijos saltaban de felicidad. Hoy iban a poder ver, en HD, a su viejo amigo Lionel, disputar la final de la Champions.  Su taller estaba funcionando excepcionalmente, había cerrado un trato con una empresa de autos de alquiler, para hacerles el mantenimiento y el dueño de una importante firma agrícola le había encargado que le repare los tractores y maquinarias. Su esposa trabajaba en la recientemente inaugurada oficina administrativa del taller. El crecimiento del negocio había hecho imposible que Ariel se ocupara de todo, pero su esposa, experta en cuestiones contables se encargaría de ahora en adelante. Juan y Lucía, sus hijos, iban a la escuela primaria, eran excelentes alumnos. Juan despuntaba el vicio de pelotear… como todo rosarino que se precie. Lucía, decía que iba a ser la manager de Juan cuando llegue a Europa. ¡Salió a la madre! decía la abuela.

El televisor nuevo, reluciente, acomodado en su privilegiado lugar en el living… funciona. Se enciende y todos se acomodan en los sillones. Lucía mira a su padre, con rostro de felicidad.

–¡Papi, al fin vamos a ver al Tío Lionel!

Ariel la miró. Le brillaban los ojos al verla feliz. Él se sintió satisfecho. Él se sintió más rico que su amigo Lionel.

 

 

Recomendaciones de lecturas

* “El igualitarismo como rebelión contra la naturaleza” de Murray N. Rothbard, ensayo reeditado por el L.Von Mises Institute, Auburn, Alabama, EEUU. © 2000.

* “La tiranía de la igualdad” de Axel Kaiser. Deusto S.A., Barcelona, España. © 2017.

* “En defensa de los más necesitados” de Alberto Benegas Lynch (h) y Martin Krause. Editorial Atlántida. © 1998.

About the author

Gastón Gardella es analista de sistemas, diseñador gráfico y escritor. Nace en CABA en 1973 y vive en Tucumán desde 1987. Se considera liberal libertario anarcocapitalista. Su blog personal es El Blog del Tucu.