El rechazo a la moderación

El reemplazo de la sensatez y el análisis por un discurso descontextualizado y ligero, puede ser muy nocivo para el debate público y la democracia. Asumir que la persona que piensa distinto es un enemigo al cual debemos rechazar, puede llevarnos a escenarios de polarización violenta. Insistir en mejorar el nivel del debate debe ser un llamado a que todos toleraremos la diferencia y discutamos con argumentos y no con falsedades y verdades a medias.

 

Imagen tomada de https://bit.ly/3nc7Ia1

Las últimas dos semanas han ocurrido eventos muy difíciles de afrontar como sociedad, el abuso policial y sus efectos nocivos que amenazan nuestras libertades y el vandalismo desbordado que amenaza con ser la única opción de respuesta a las injusticias en el país, han marcado el debate público. Desde hace seis meses, hemos venido afrontando los cambios que trae a nuestras vidas la pandemia, con todo lo que eso implica, a esto se le suma el recrudecimiento de la violencia en varias zonas del país y las protestas desbordadas por la muerte de Javier Ordoñez a manos de la Policía Nacional.

Tantas situaciones generan más complejidad a una realidad ya difícil de afrontar. Proliferan las posiciones radicales, el odio desbordado a quien piensa distinto, la intolerancia a las ideas y a la autocrítica, el rechazo de los puntos medios y de la moderación que ahora es vista como debilidad en una lógica de “o estás conmigo o estás en mi contra”. Todas estas posiciones cada vez más presentes en nuestro país, son alimentadas por las redes sociales.

Estas redes sociales alimentan a una tribuna que rechaza la diferencia, esa tribuna exige contenidos cada vez más radicales y encuentran respuesta en “influencers”, que, sin un mínimo de reflexión, alimentan la sed del radicalismo. El mensaje se multiplica y sin un contexto o análisis, ese contenido termina convenciendo a cientos de incautos que le otorgan una presunción de validez a un contenido que defiende sus prejuicios.

Las redes sociales juegan un papel determinante en la sociedad moderna, nos permiten expresarnos e informarnos, son un instrumento para compartir ideas y liderar causas, han posibilitado que cada uno desde su celular pueda ser un periodista, un escritor y un político que comparte ideas y propicia el debate. Sin embargo, las redes adolecen de un problema muy difícil de solucionar, la falta de rigurosidad en el contenido, la manipulación y la proliferación del discurso de odio.

El papel de los medios de comunicación en la radicalización de los conflictos sociales no es nuevo. En el holocausto nazi se utilizaron los diarios impresos para difundir ideas en contra de la raza judía, este discurso fue acogido por gran parte de la sociedad alemana y desembocó en la tragedia que todos conocemos. Algo similar ocurrió en el genocidio de Ruanda, en esa ocasión la radio fue el instrumento para difundir el odio, esta situación se ilustró en el caso Nahimana, donde se condenó al fundador de la radio RTLM a quien se le responsabilizó de difundir mensajes que incentivaban a la eliminación de la tribu Tutsi.

Las situaciones presentadas en la Alemania Nazi y en el genocidio de Ruanda, pueden sonar escenarios distantes, pero no lo son del todo, una situación similar está pasando en Etiopia[1], y el contexto colombiano no es muy distante. La radicalidad del discurso ha llegado a tal punto que incluso hay campañas dirigidas a no comerciar con personas afiliadas a un partido político y a despedir trabajadores que cuenten con una afiliación política en particular.

El reemplazo de la sensatez y el análisis por un discurso descontextualizado y ligero, puede ser muy nocivo para el debate público y la democracia. Asumir que la persona que piensa distinto es un enemigo al cual debemos rechazar, puede llevarnos a escenarios de polarización violenta. Insistir en mejorar el nivel del debate debe ser un llamado a que todos toleraremos la diferencia y discutamos con argumentos y no con falsedades y verdades a medias.

 

[1] https://www.vice.com/en_us/article/xg897a/hate-speech-on-facebook-is-pushing-ethiopia-dangerously-close-to-a-genocide

 

About the author

Fernando Guio es estudiante de décimo semestre de Derecho en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia y becario de investigación de dicha universidad. Igualmente, es estudiante de séptimo semestre de Administración Pública en la Escuela Superior de Administración Pública y auxiliar de investigación en la linea de investigación sobre economía de lo público.