¿Cuál es el verdadero significado de la competencia?

No es posible considerar que un individuo posea conocimiento perfecto de todo lo que ocurre, dado que no todos los individuos tienen la misma información, que la información que poseen los individuos cambia en cada momento del tiempo, que los individuos tienen limitaciones de conocimiento y capacidad para procesar toda la información que obtienen, y que si el conocimiento fuera perfecto, no habría acción.
 

Schumpeter y Hayek. Imagen tomada de https://bit.ly/2VK3pH4

 
Escrito junto con Martín Sánchez [1]
 
Resumen
 
El propósito de este texto es entender cómo funciona el proceso competitivo en la práctica. Como introducción, se explica cuál fue el desarrollo del concepto de competencia perfecta desde Adam Smith hasta Arrow y Debreu. Luego, como continuación y crítica de esta posición, se trata la competencia como fue enseñada por Friedrich August von Hayek y por Joseph Alois Schumpeter: como un proceso autoorganizativo y de cambio y como un proceso de disrupción, respectivamente. Estas dos posturas, no excluyentes, dan cuenta de cómo funciona el proceso competitivo en la práctica. A partir de este análisis, se concluye que ha sido el intento de crear modelos matemáticos lo que ha ocasionado que se olvide el verdadero significado de la competencia. Sin embargo, como estos intentos parecen no detenerse, la ciencia económica, para explicar lo que sucede en la realidad, tiene que desarrollar nuevas herramientas metodológicas que permitan crear modelos matemáticos que expliquen cómo funcionan los hechos y sus regularidades, incluida la competencia.
 
¿Qué es la competencia perfecta?
 
La competencia perfecta ha tenido diferentes interpretaciones a lo largo de los últimos dos siglos. Lo más apropiado, entonces, será analizar las posturas de diferentes pensadores para definir y delimitar tal concepto. Los primeros esbozos de esta noción provienen de Smith, quien introdujo los conceptos de libre mercado y mano invisible en su libro La riqueza de las naciones. Según Díaz & Gallardo:
 
El objetivo de Smith fue mostrar que bajo cierto sistema de regulación socio-económica por parte de instituciones que garanticen (…) la acumulación de capital y la división del trabajo, [se hace] posible el aumento de la riqueza. Así, [la labor de] las instituciones [es asegurar] el buen funcionamiento del mercado [por sí solo] pese a las trabas monopólicas las cuales, como veremos, se pueden presentar como obstáculos (pp. 180).
 
La mano invisible introdujo el concepto de autorregulación del mercado. Por medio de este proceso, los precios de mercado —regulados por las interacciones de oferta y demanda— oscilaban y alcanzaban los precios naturales. Estos precios eran definidos como “[Los precios] (…) para pagar la renta de la tierra, los salarios del trabajo y los beneficios del capital”, según Smith. Este sería el punto de partida para caracterizar no solo la noción de equilibrio, sino también uno de los supuestos que debería cumplir la competencia perfecta.
 
Luego de estos planteamientos, se inicia una tendencia hacia la formalización matemática. De este modo, la noción de competencia se subdivide en dos visiones: la competencia como estructura y la competencia como proceso. Mientras que la competencia como proceso aborda la situación en que diferentes participantes —consumidores y productores— entran al mercado por su propio interés, la competencia como estructura trata de las propiedades que permiten resolver problemas de optimización: cuál es la máxima utilidad, cuál es el menor gasto, cuál es el máximo beneficio, cuál es el menor costo.
 
Si se analiza la competencia como proceso, resulta ser el planteamiento propuesto por los economistas clásicos. La competencia como estructura, por el contrario, fue el planteamiento introducido por Cournot, matemático y economista francés. Sería, pues, la visión de Cournot la que resultaría siendo adoptada y mejorada por los economistas neoclásicos, quienes en su intento de formalizar los planteamientos de Smith desarrollaron el concepto de competencia perfecta.
 
Una aproximación de la competencia perfecta, previa a los economistas neoclásicos, quienes inician desde Alfred Marshall con su síntesis de los economistas clásicos y marginalistas, fue la de Walras:
 
La competencia perfecta [tiene] lugar cuando compradores y vendedores confluyen en una subasta masiva. En esta gran subasta, las condiciones de cambio [son] públicas y los vendedores [pueden] recibir distintas ofertas. [Suponemos] un mercado perfectamente organizado desde el punto de vista de la competencia, de igual forma que en la mecánica [newtoniana] se supone que las máquinas se encuentran libres de rozamientos (pp. 70).
 
Luego de estas aproximaciones, se llega a lo que se conoce actualmente como competencia perfecta. Esto es, que haya un gran número de demandantes y oferentes, que los bienes sean homogéneos, que no haya barreras a la entrada y salida de oferentes, que los agentes —productores y consumidores— sean racionales, que haya flexibilidad de los precios, que los participantes tengan información perfecta, que haya perfecta movilidad de los factores de producción, que no haya intervención del Estado y que los individuos sean tomadores de precios.
 
Sin embargo, fue hasta Arrow y Debreu, quienes demostraron formalmente la existencia del equilibrio, que se fija el concepto de competencia perfecta a una situación en la cual “cada productor y consumidor considera que los precios pagados y recibidos son independientes de sus propias elecciones”. Todo esto, como se ha expuesto, lleva a entender la competencia como una estructura y no como un proceso. Pasemos a los problemas que conlleva esto.
 
¿Cuál es el verdadero significado de la competencia?
 
Un mercado competitivo está constituido por un bien homogéneo, por individuos tomadores de precios, por ausencia de restricciones a la entrada y salida de oferentes, y por conocimiento perfecto por parte de los individuos. De este modo, se dan por hechas varias cuestiones que no ocurren en la práctica. Los bienes no son homogéneos, los individuos no son tomadores de precios, hay restricciones a la entrada y salida de oferentes, y los individuos no tienen conocimiento perfecto.
 
Asimismo, se da por sentado que se conoce cuál es el menor costo posible, que los productores conocen las preferencias de los consumidores, y que los consumidores conocen todas las opciones presentes al momento de elegir entre dos o más bienes o servicios. Pero esto tampoco ocurre en la práctica. En el caso en que se conocieran todos estos datos como se asume en la competencia perfecta, no habría competencia, puesto que no se tendría que publicitar, reducir precios o diferenciar productos para ofrecer mejores alternativas que los demás oferentes —esta información (cuáles son las mejores alternativas) ya estaría dada para todos los individuos—.
 
En consecuencia, todos estos supuestos no son el punto de partida, sino que son el punto de llegada del proceso competitivo. Del mismo modo, no es posible considerar que un individuo posea conocimiento perfecto de todo lo que ocurre, dado que no todos los individuos tienen la misma información, que la información que poseen los individuos cambia en cada momento del tiempo, que los individuos tienen limitaciones de conocimiento y capacidad para procesar toda la información que obtienen, y que si el conocimiento fuera perfecto, no habría acción.
 
Así pues, por sus supuestos irreales, la competencia perfecta no nos explica qué es la competencia en la realidad. En oposición a esta concepción de la competencia, Hayek parte de que en la práctica el problema económico no es un problema estático, sino dinámico. A saber, un problema que surge del cambio, puesto que se adquieren nuevos datos y, por tanto, deben tomarse nuevas decisiones ante nuevas circunstancias. Asimismo, un problema que debe ser resuelto descentralizadamente, ya que el conocimiento a partir del que se organiza la sociedad está disperso en todos los individuos, y ya que ningún de estos individuos o grupo de individuos puede hacerse con toda esta información y tomar decisiones a partir de esta.
 
De igual manera, el economista austriaco explica cómo funciona el sistema de precios: son los precios relativos, como señales que contienen información, los que coordinan a la sociedad en conjunto. Así, a partir del cambio en las tasas marginales de sustitución (la relación de precios entre dos bienes), los individuos reciben señales de qué están necesitando y de qué han dejado de necesitar otros individuos y lo producen y dejan de producir para obtener beneficios o evitar pérdidas, respectivamente. Este sistema permite que individuos con muy poca información respecto a los otros individuos y su conocimiento, sepan hacia qué actuar.
 
A pesar de que el sistema de precios indique hacia qué actuar, no prescribe cómo actuar. Por lo tanto, los resultados de la competencia son imprevisibles, sobre la base de que la competencia da lugar a la experimentación. Estos resultados, contrario a lo que se presupone como dado, incluyen descubrir qué recursos son escasos y cuán escasos son y, a partir de estos datos, descubrir nuevas formas de usar los medios disponibles, descubrir nuevos medios o descubrir y ofrecer nuevos fines. Y puesto que se está en medio de un proceso competitivo, lo único que se puede asegurar es que cada nuevo competidor ofrezca una ventaja respecto a los oferentes ya establecidos en un mercado.
 
Visto desde la perspectiva de Schumpeter:
 
Producir significa combinar materiales y fuerzas que se hallan a nuestro alcance. Producir otras cosas, o las mismas por métodos distintos, significa combinar en forma diferente dichos materiales y fuerzas (pp. 76). (…) Este es un cambio espontáneo y discontinuo, alteraciones del equilibrio (pp. 75). (…) [Estas acciones, que recaen en los productores], conducen los medios de producción a nuevos caminos. También conducen en el sentido que llevan a otros productores tras de sí. Pero como sus competidores, que reducen primeramente y por último anulan sus ganancias (pp. 98).
 
De este modo, este otro autor austriaco explica el carácter dinámico de la economía. Pero, al contrario de Hayek, profundiza en los resultados de este proceso espontáneo. Entre estos resultados se encuentra la entrada de un nuevo bien o el cambio en la calidad de un bien preexistente, la entrada de un nuevo método de producción, el acceso a un nuevo mercado, el hallazgo de nuevas materias primas, y el establecimiento de una nueva organización en cualquier sector industrial.
 
En orden, cada uno de estos puntos implica que los bienes no son homogéneos y se diferencian, que la tecnología y, por ende, los costos se modifican, que se ha facilitado la entrada de competidores a un nuevo mercado —e. g., por medio de infraestructura que conecte dos o más zonas geográficas—, que los bienes se hacen relativamente abundantes y, por tanto, se alteran los precios, y que el tamaño de las firmas no lo deciden los supuestos que se imponen, sino los precios y costos a los que se enfrentan las firmas.
 
Así, que no todos los individuos tengan la misma información, que la información que poseen los individuos cambie en cada momento del tiempo, que los individuos tengan limitaciones de conocimiento y capacidad para procesar toda la información que obtienen, y que el conocimiento sea imperfecto, posibilita que se descubran nuevas formas de producir. Esto ocurre porque a partir de la interacción entre los sucesos mentales y físicos, se forman infinitas posibilidades conectivas entre las neuronas. Así, a más individuos en diferentes circunstancias de tiempo y lugar, a saber, a más individuos actuando descentralizadamente, se tendrán más posibilidades conectivas y, en consecuencia, se tendrán más formas de ofrecer nuevas formas de producir. De esta manera, a partir del sistema de precios como sistema de coordinación de las acciones individuales, la competencia lleva a que la sociedad se adapte a nuevos medios y fines y que descubra nuevas formas de producir.
 
Conclusiones
 
Hay dos conclusiones sobre el tema tratado. La primera, a modo de afirmación. La segunda, a modo de pregunta. Haber transitado hacia una interpretación imperfecta de lo que es la competencia, ha sido un gran error ya que de esto se han extraído conclusiones para la práctica[2]. Como se ha expuesto, la competencia perfecta dista de lo que es la competencia en la realidad y, por ende, es incorrecto dar recomendaciones a partir de unas premisas que no ocurren. Por otro lado, planteando una discusión metodológica, si la ciencia económica es una ciencia que busca explicar los hechos, se debe ir de lo que sucede a la teoría —cómo se modelan las regularidades—, no de la teoría a lo que sucede —modelos separados de la realidad—. Asimismo, no es una justificación que no haya más teorías alternativas. Como se expuso, las hay y, en efecto, son teorías que explican cómo los individuos compiten y, por medio de este proceso, se adaptan a los hechos.
 
La pregunta que queda es por qué se parte de estas premisas si la economía no funciona de esta forma. Dos interpretaciones plausibles, pero extraídas de otros contextos, son las dadas por Lucas para explicar por qué los teóricos monetarios de la década de 1940, incluido Hayek, no desarrollaron modelos matemáticos acerca de los ciclos económicos, y por Myerson para explicar por qué Hayek no pudo hacer modelos matemáticos para demostrar que el capitalismo era más eficiente que el socialismo en cuanto a la asignación de recursos. Ambos autores sostienen que estos teóricos no hicieron los respectivos modelos matemáticos porque en su momento no se disponía de las herramientas metodológicas para hacerlos. Por lo tanto, es plausible afirmar que los teóricos de la competencia perfecta no tienen aún las herramientas metodológicas para tratar estos modelos matemáticos.
 
Aunque esto da una explicación, Hayek, desde una interpretación diferente, explica que los economistas han descartado toda la información que no sea cuantificable debido a que su objetivo ha sido que la ciencia económica se parezca más a las ciencias naturales que a las ciencias sociales. De este modo, no ha sido la falta de herramientas metodológicas como planteaba Lucas o Myerson, sino que al no tener modelos que permitan incorporar otro tipo de datos, se han mantenido modelos más simples y cuantificables, pero menos realistas puesto que, como se ha explicado, no representen lo que es la competencia en la realidad. Este hecho, entonces, ha tenido el impacto de nublar qué es y qué no es la competencia y de rechazar el verdadero significado de la competencia por no ajustarse a un modelo matemático.
 
Empero, si la matematización es inevitable y como sostiene Hayek ha sido útil para describir y comprender la interdependencia entre los diferentes hechos en un mercado, la única manera de retomar el verdadero significado de la competencia será estudiando a estos autores y planteando nuevos modelos matemáticos que den cuenta de estos esbozos que, más que ser piezas de la historia del pensamiento económico, serán las bases para desarrollar la ciencia económica en las próximas décadas. No se puede perder de vista que, sin teorías, la matematización será inútil. Y, por lo tanto, a la vez que se enseñan y desarrollan herramientas matemáticas, deben enseñarse y desarrollarse teorías que den cuenta de la realidad.
 
[1] Editor en jefe.
[2] Por ejemplo, Flint, en su libro sobre jurisprudencia regulatoria de la competencia, considera que causa daño que dos firmas cobren precios diferentes si tienen los mismos costos marginales y argumenta que solo una diferencia en los costos puede justificar que haya diferencias en los precios. A su vez, Joskow y Klevorick, que son la base para analizar políticas de competencia en países desarrollados, consideran que es ineficiente mantener empresas que vendan por encima del costo marginal.

About the author

Juan Acevedo es estudiante de Economía de la Universidad Nacional de Colombia. Soñador experimentado, amante del merengón y las buenas costumbres. @Soyjuan_acevedo