Consecuencias de las leyes en el embarazo adolescente: inercia de la pobreza

El corazón de la brecha está en que una madre pasa nueve horas adicionales cuidando del hogar, lo que al año son tres meses más en estas labores a pesar de trabajar a tiempo completo.
 

Embarazo adolescente. Imagen tomada de https://bit.ly/3giT0tC

 
Escrito junto con Valeria Soto y Jersair Tarazona [1]
 
Resumen
 
En el presente artículo se analiza el embarazo de adolescentes —embarazo en mujeres entre los 14 y 18 años en condiciones de vulnerabilidad—, que debido a la carga que conlleva la maternidad se enfrentan a la disyuntiva entre el acceso a educación superior o perpetuar sus condiciones socioeconómicas de pobreza. Se utiliza la crítica, como una forma de deconstrucción y herramienta que permite mostrar la realidad no como lo dado, sino como la exposición de sus más profundas consecuencias. Se abordan dos temas: (i) la maternalización y el cuidado de los hijos promovida por las leyes en Colombia perpetúan la carga hacia las mujeres, haciendo que estas se mantengan en la pobreza, y (ii) el hecho que, aunque existan normas jurídicas que propendan por protegerlas de estas condiciones, no hay resultados efectivos en el mundo laboral y en el desarrollo de las mujeres. Asimismo, se evidencia cómo el Estado no responde a esta problemática social por medio de políticas públicas inclusivas que les permita a estas jóvenes salir adelante.
 
Mujer, embarazo y pobreza
 
Históricamente, la mujer ha sido sujeto de desigualdad, pues ha tenido que asumir roles dentro de la sociedad tales como ser madre cabeza de familia y ser encargada principal de la crianza[1]. Esto ha causado que esta sufra tratos que la menosprecian, denigran y que muchas veces no permitan que ascienda dentro de la escala laboral. En este hecho que ocurre en diferentes países, Colombia no es la excepción al establecer qué papel cumplen las mujeres en la sociedad: concluimos que la crianza y cuidado de los hijos está más a cargo de las mujeres que de sus compañeros, en caso en que tenga pareja y no sean madres solteras. Se debe decir que esta no es la única labor que desempeñan, pues comparten su tiempo con trabajo y actividades externas encaminadas a sostener la familia. Autoras como Mary Joe Frug[2] señalan como la ley expande el discurso de la inferioridad o de la diferencia entre lo femenino y lo masculino. Para explicar esto, utilizan como caso la maternidad, donde la ley se presenta en su forma neutral, aunque, en últimas, afecta a la mujer, estableciendo reglas en contra del aborto, obligando a las mujeres a convertirse en madres y favoreciendo las relaciones domésticas para la mujer.
 
Es la posibilidad de quedar embarazada lo que crea estancamiento en las mujeres dentro del mercado laboral. Sin perjuicio de las decisiones personales de cada sujeto y su voluntad de tener una familia con o sin hijos, cuando una pareja toma la libre decisión de tenerlos, la mujer —que antes estaba en igualdad tanto educativa como laboralmente frente a su pareja— debe permanecer más tiempo en casa ya que ahora tiene que cuidar de su nueva familia mientras que su pareja adquiere méritos, ascensos, promociones y demás posibilidades de crecimiento. Esto, sin embargo, no evita que la pareja también se vea afectada. Pero, aunque la madre quiera seguir trabajando, es posible que la disponibilidad de tiempo sea distinta, más reducida, lo que genera menos ingresos y prevención por parte de los empleadores, quienes ven no menos capacidad sino menos posibilidad de desempeño debido a ser parte de una familia con hijos y proveedora de la misma. Entonces, la brecha salarial ya no es principalmente cuestión de discriminación por ser mujer sino que está marcada por la aversión a la posibilidad que tiene una mujer de ser madre. El corazón de la brecha está en que una madre pasa nueve horas adicionales cuidando del hogar, lo que al año son tres meses más en estas labores a pesar de trabajar a tiempo completo. De igual modo se encuentra que existe un peso adicional cuando se es madre soltera[3]
 
A partir de esto, vale la pena introducir el tema del embarazo adolescente —por lo general, no planeado—, para entender por qué las madres están en desigualdad y sus capacidades se ven disminuidas al dar a luz. Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud del Ministerio de Salud y Protección Social en 2005, el 39% de las mujeres de 19 años ya habían tenido un hijo para ese momento —contando hijos vivos y no la cantidad de abortos practicados. Además, fuera del descenso en las cifras de los otros grupos etarios y el avance en acceso a métodos anticonceptivos, las adolescentes presentaron mayor tasa de fecundidad entre las edades de 10 a 14 años registrando 2,6 nacimientos por adolescente. Por otra parte, se encuentra que al haber tenido un hijo entre los 10 y 14 años, es más probable tener un segundo hijo o estar embarazada antes de terminar la adolescencia. La situación no es muy distinta entre los 15 y 19 años, lapso que también registra incremento en la fecundidad[4].
 
Es en esta situación en la que empiezan las decisiones trascendentales y una de las primeras a considerar es si tener o no el hijo. Sin embargo, por varios motivos que no se discutirán en este texto, la mayoría de veces es preferible asumir la responsabilidad de tener el hijo. Tomada esta decisión, “se puede ver que las representaciones sociales del embarazo y la maternidad en adolescentes primigestantes dan cuenta de la postergación de los estudios, la dependencia familiar y económica, la figura del padre como proveedor y el bebé relegado” (Ibíd), lo cual fomenta que, a causa de la poca experiencia emocional y académica, la mujer tienda a quedarse cuidando del niño  y recargue sus necesidades económicas en su familia o en el padre que, al igual que ella, podría dejar su educación para trabajar y dar sustento. En estos casos, las parejas afirman que “seguirán estudiando más adelante, lo que se traduce en que piensan en terminar el colegio (algún día) y se trazan la meta de realizar una carrera universitaria” (Ibíd). Esta situación aumenta la dependencia de la mujer a la familia de origen o la pareja y evita que se hagan planes de mediano plazo que fomenten el progreso.
 
“El informe señala que en algunos países las niñas adolescentes sin educación o con sólo educación primaria tienen cuatro veces más posibilidad de quedar embarazadas que adolescentes con educación secundaria o terciaria”[5]. Por lo anterior, podemos hacer dos afirmaciones. La primera, que el aumento de la educación se ve impedido al sufrir este cambio. La segunda, a partir de la primera, que se va creando la trampa de la pobreza, porque al tener menor acceso a un buen nivel educativo se tiende a caer en esta problemática y, a la vez, al caer en esta problemática se tiene un menor nivel educativo. Este punto es expuesto por el informe de la OMS al decir que “muchas niñas y adolescentes tienen que abandonar la escuela debido a un embarazo, lo que tiene un impacto a largo plazo en las oportunidades de completar su educación e incorporarse en el mercado laboral, así como participar en la vida pública y política”. Con base en lo anterior, al ingresar al mercado laboral se produce el estancamiento expuesto, pues la falta de preparación académica basta para tener trabajos con remuneraciones bajas que no le permiten a las madres más que alimentarse a sí mismas y a su familia, y sin mayor posibilidad de pensar en su futuro y sus planes de crecimiento, a menos que hubiere una ayuda externa que, no obstante, no será el caso de muchas niñas y adolescentes cuando de por sí ya se vivía en condiciones de bajos recursos.
 
Ahora bien, como lo establece el DANE en la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) del trimestre enero – marzo de 2019, en el mercado laboral es aún más evidente la desigualdad y la brecha existente respecto de las oportunidades para hombres y mujeres. A nivel nacional, incluyendo estudios de ciudades metropolitanas, otras ciudades y zonas rurales, los hombres tienen una tasa de desempleo de 9,1%, las mujeres están en 15,3%. A través de dicho porcentaje[6] se puede hacer notar que las mujeres jóvenes entre 14 y 28 años tienen menos oportunidades en el mercado laboral, a pesar de que muchas se encuentren en búsqueda de empleo y sustento, y puede que cumplan el rol de cabeza de hogar.
 
De igual forma, pese a que hubo una reducción de ocho puntos en la tasa de madres adolescentes, lo cierto es la cifra bastante alta aún[7]. Esta cuestión, no obstante, no solo se queda en una cifra, sino que se compone de una problemática socioeconómica para estas madres adolescentes. Frente a esto nos preguntamos: Primero, ¿qué hace la ley por estas circunstancias? Segundo, ¿qué políticas estatales existen con el fin de generar una mejor calidad vida a estas madres adolescentes?
 
Dentro de los intentos del Estado por dar una respuesta a esta problemática, se encuentra la Ley 1098 de 2006 donde se consagra dentro del parágrafo del artículo 42, la obligación de los colegios de prevenir el embarazo adolescente. También, en diferentes sentencias, la Corte Constitucional ha obligado a reformar los manuales de convivencia de las instituciones, con el fin de que a las madres adolescentes no se les sea vulnerado su derecho a la educación. De este modo, señala la Corte que la adopción de medidas de exclusión por parte de colegios, universidades e instituciones similares a estas menores implica la vulneración de los derechos fundamentales a la educación, la igualdad, al libre desarrollo de la personalidad, y, en general, a la dignidad humana[8]. Sin embargo, las cifras demuestran que, en muchas ocasiones, pese a estos esfuerzos del Estado, existe un desplazamiento desde la educación (actividad que debería estarse realizando de acuerdo con el ciclo de vida), hacia los oficios del hogar (incluida la crianza de los hijos), ocasionando en la mayoría de los casos el abandono de los estudios[9].
 
Ahora bien, se creería que estas adolescentes abandonen o pospongan sus estudios para entrar en el mundo laboral, con la finalidad de subsistir en su nueva condición. No obstante, se encuentra que estas madres adolescentes tienen serios problemas al conseguir un empleo, principalmente por los limitantes que la misma ley establece. El artículo 171 del Código Sustantivo del Trabajo y el artículo 35 del Código de Infancia y Adolescencia, suponen una primera limitante, toda vez que condicionan la vinculación laboral para los menores de edad, donde los jóvenes de 15 a 17 años solo pueden trabajar con una autorización expedida por la autoridad competente, y los menores de 15 solo pueden hacerlo en actividades de tipo cultural, deportivo, artístico y recreacional[10]. De otro lado, en el artículo 116 del Código de Infancia y Adolescencia señala: “Sin perjuicio de los derechos consagrados en el Capítulo V del Título VIII del Código Sustantivo del Trabajo, la jornada de la adolescente mayor de quince (15) y menor de dieciocho (18) años, no podrá exceder de cuatro horas diarias a partir del séptimo mes de gestación y durante la lactancia, sin disminución de su salario y prestaciones sociales”. Todos estos factores afectan a las madres adolescentes, al limitarles el acceso a un trabajo formal y digno, dejándolas por fuera de los beneficios que supone la posibilidad de un empleo, tales como prestaciones y cesantías. Esta circunstancia conlleva a que las madres adolescentes, por la necesidad que tienen de ingresos para cumplir las responsabilidades adquiridas en razón de su nuevo rol, se vinculen al sector informal de la economía. Esto afecta negativamente la formación de capital humano, pues genera pérdidas futuras de ingresos y, aunado a la deserción escolar, se genera una continuidad del círculo vicioso de la pobreza[11].
 
Conclusiones
 
Se puede evidenciar cómo frente a esta problemática, la ley no tiene en cuenta las circunstancias socioeconómicas que generan la existencia del nuevo rol que acogen estas adolescentes, dejándolas por fuera del mercado laboral, pese a intentar realizar un esfuerzo por dar mayor protección a estas madres adolescentes y buscar la protección del menor. Así, en estas circunstancias, si bien el Estado participa por medio de la ley para proteger a las madres adolescentes, peca al generar este tipo de normas sin unas políticas públicas claras y concretas, toda vez que uno de sus mayores problemas procede de la falta de políticas frente al embarazo adolescente[12].
 
Así, al poner el problema sobre la mesa se sabe que se debe actuar y tomar las medidas correspondientes. Pensamos que es necesaria mejorar la intervención estatal para equilibrar la balanza. Esta intervención va en conjunto con lo que afirma Stiglitz[13]: “afrontar la desigualdad es una tarea necesariamente polifacética, tenemos que moderar los excesos de la parte de arriba, fortalecer la parte de en medio y ayudar a los de abajo” (p. 87). Esta tarea no la puede desempeñar cada madre adolescente desde su esfera personal, sino que la tiene que dar el Estado de forma efectiva en razón de su capacidad protectora a través de políticas públicas, buscando la materialización de los fines constitucionales que buscan la igualdad entre hombres y mujeres.
 
Referencias
 
[1] Estudiantes de Derecho de la Pontificia Universidad Javeriana.
[2] Véase, el análisis de La Opinión en donde se describe un estudio elaborado por el Observatorio de la Democracia de la Universidad de los Andes, en el cual se resalta que: i) el 53% de mujeres colombianas para las cuales casarse o vivir en unión libre implica quedarse en casa, es decir, fuera del mercado laboral y ii) que el 63,6 % de los hombres está empleado, mientras que solamente el 34% de las mujeres lo está.
[3] Frug, M. J. (1991-1992). A postmodern feminist legal manifesto (an unfinished draft). Disponible en: https://www.dropbox.com/sh/vm8awcwtyaynn4n/AACts_fidutkDmNRa0nNYieVa/10.%20Cr%C3%ADtica%20y%20feminismo?dl=0&preview=2.+M.+J.+Frug+-+Postmodern+legal+Feminist+Manifesto.pdf&subfolder_nav_tracking=1
[4] Ezra Klein, J. P. (Dirección). (2018). En pocas palabras [Documental].
[5] Gómez, A. (2012). Representaciones sociales del embarazo y la maternidad en         adolescentes       primigestantes y multigestantes en Bogotá. Revista Salud Pública No. 189-199. Disponible en: https://www.scielosp.org/pdf/rsap/2012.v14n2/189-199/es.
[6] Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud. (2018, 28 de febrero). América Latina y el Caribe tienen la segunda tasa más alta de embarazo adolescente en el mundo. Disponible en: https://www.paho.org/col/index.php?option=com_content&view=article&id=2906:america-latina-y-el-caribe-tienen-la-segunda-tasa-mas-alta-de-embarazo-adolescente-en-el-mundo&Itemid=551
[7] Ver: Anexo 1. DANE. (10 de Octubre de 2018). DANE . Recuperado el 28 de Octubre de 2018 , de Mercado laboral según sexo : https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/mercado-laboral/segun-sexo.
[8] Heraldo, E. (10 de Junio de 2019). El Heraldo.com. Obtenido de https://www.elheraldo.co: https://www.elheraldo.co/colombia/colombianas-estan-postergando-la-edad-para-ser-madres-dane-640299
[9] Corte Constitucional de Colombia (28 de noviembre de 2009) Sentencia de Tutela: T-393 de 2009. [MP. Dr.    Nilson Pinilla Pinilla].
[10] Rojas, L. A. (2015). Embarazo en la adolescencia y desempeño en el mercado laboral. Bogotá D.C: Departamento Nacional de Planeación (DNP).
[11] Código de Infancia y Adolescencia [código] (secretaria del senado). Código Sustantivo del Trabajo [código] (secretaria del senado).
[12] Rojas, L. A. (2015). Embarazo en la adolescencia y desempeño en el mercado laboral. Bogotá D.C: Departamento Nacional de Planeación (DNP).
[13] El Tiempo. (05 de diciembre de 2018). El Tiempo.com. Obtenido de https://www.eltiempo.com: https://www.eltiempo.com/salud/embarazo-en-adolescentes-en-colombia-301882.
[14] Stiglitz, J. E. (2012). El precio de la desigualdad. Madrid.

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Cheryl Pinzón Botero es estudiante de Derecho y Ciencia Política de la Pontificia Universidad Javeriana.