Los malditos reyes.

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En el fondo, todo hombre cree sin lugar a dudas, que es un ser completamente único y sin igual. Solo uno en esta tierra. Y no hay manera alguna, que de forma extraordinaria, al azar, otra obra de diversidad en armonía maravillosamente pintoresca como él, exista por segunda vez.

Y es así como tuvimos, tenemos y tendremos reyes. Ahora los llamamos gobernantes, presidentes o primeros ministros, pero en últimas son la misma cosa. Basta con recordar que nuestra amada democracia no era más que una perversión en sus inicios (y ahora). Gestada en la mente de un grupo de borrachos de la élite ateniense, el conglomerado de tyrannides se dieron cuenta de algo muy simple: El demos (el pueblo, usted y yo y su familia y la mía) se vende muy fácil siempre y cuando se le pague con buena moneda. En este caso, la falsa noción de tener poder. Nos hicieron creer que teníamos en nuestras manos el futuro de la ciudad o país, pero no, nunca ha estado y nunca estará. En otras palabras, éstos emprendedores se inventaron las famosas condiciones y restricciones, la letra chiquita si se quiere.

No obstante, se puede decir que muchos de los prohombres de la historia sirvieron a su pueblo de forma positiva. Ganando guerras contra los enemigos de turno, resolviendo problemas sociales, estableciendo mejores alianzas para la prosperidad o poniéndole fin al tirano de turno. En contraste, muchos han perpetuado la encarnación del vicio por excelencia del hombre: el jugoso poder. Porque creemos que el poder nos hace inmortales. Y por creerse inmortales, los primeros hombres de la civilización lo escribieron en el material que nunca muere, en piedra.

Y en piedra está escrita «La lista de reyes sumerios». Uno de esos tesoros antiguos que afortunadamente sobrevivió a las innumerables redadas, ataques, quemas, guerras y catástrofes de la historia. Es una piedra imponente que data de 2100 BCE aproximadamente y tiene escritos los reyes de las primeras civilizaciones, es decir, los primeros reyes. Ahí están famosos como Gilgamesh, Hammurabi y Nabucodonosor.

Unos cuántos milenios más tarde, en la Mesopotamia de los Andes (léase, la tierra Chibcha, Colombia), otra serie de prohombres de la democracia quieren repetir la historia y dejar sus nombres en otras piedras para la eternidad. Curiosamente a éstos se les recordará también por los innumerables muertos que tienen en sus espaldas. También por las maniobras políticas y sociales con las que llegaron al poder, por el abuso al sistema de turno y sobre todas las cosas, porque sus atrocidades quedarán impunes. Impunes en el país en donde la indignación por un tierno «malparido» es más grande que la indignación por tener a los que nos han matado por años sentados en el paraíso de La Habana tomando ron. Impunes en el país donde empujar e insultar a un policía por hacer su trabajo causa risa.

A continuación la lista de personajes con delirio de Simón Bolívar (otro borracho) que ya llevo a la mitad con mi cincel y espero poner en la plaza…de Bolívar por supuesto.

Rey Gaviria I: En pleno clímax del emprendimiento (léase narcotráfico) le abrió el país a Estados Unidos esperando en retorno dólares y más dólares. Pablo Escobar tenía tanto tiempo y dinero que hasta finca con hipopótamos construyó.

Rey Pastrana I: Porque el cambio NO es ahora. Construyó un hotel en el Caguán para que los pobrecitos de la guerrilla descansaran luego de tanto caminar por las selvas de Colombia matando a inocentes. El período de vacaciones duró tres años.

Rey Uribe I: Un enano de corazón (podrido) firme y una mano (no tan) dura hacia la guerrilla, le entregó el país a otra guerrilla. Los nombres no importan, simplemente las armas pasan de un lado para el otro y éste presidente se lucró del negocio.

Rey Uribe II: El enano se nos creció. Su único logro: modificar un articulito que precipitó el mierdero institucional en el que está el país hoy. Bastante loable la verdad. La mayoría de los miembros de su guardia pretoriana están en la cárcel, pagando unos pocos días de condena nada más.

Rey Santos I: Al mejor estilo de Dario I quien mató a los sucesores de Ciro el grande, el tartamudo se mantuvo dentro del círculo cercano de Uribe I hasta que logró darle la puñalada por la espalda. Bajo el esquema de la unidad, vendió a los demás partidos la falsa sensación de poder. Y siguió hundiendo en el mierdero al país porque le tocó pagar favores con los impuestos del pueblo.

Rey Santos II: Cómo no iba a tener segundo mandato si estaba ahí, servidito. Como buen aprendiz de reyes anteriores, ésta vez decidió seguir los pasos de Pastrana I y le entregó nuevamente el país a la misma guerrilla. Y por lo más alto, les pagó luna de miel (que lleva 2 años) en el exterior. Y allá los tiene engordando como a marrano de domingo.

Twitter:
@LaVentanaRota_
@diegocp6

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