No, no sé quién es Usted.

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Es más, no me importa.

En los mundiales del 94 y del 98 nuestra querida selección de fútbol fracasó de manera súbita y contundente. 16 años después, a pesar de presentar un muy buen espectáculo en los primeros partidos, lo cierto es que se fracasó nuevamente ante una pobrísima selección de Brasil. ¿Por qué hablo de fútbol?, porque es una forma muy fácil de mostrar con un ejemplo sencillo, cómo nuestra actitud de agrandados nos lleva a la ya muy conocida:

—¿Usted no sabe quién soy yo?

Acudir al falso linaje es un acto deplorable y sobretodo estúpido. Asumiendo que ser parte de una familia «real» es algo positivo, ni siquiera ellos hacen alarde de su aparente historia y legado. ¿Se supone que cuando un cualquiera, un mediopelo de estos personajes de la «vida pública» sale con una de esas, nosotros los mortales, los simples, los pobres (o los no tan ricos) tenemos que saber su historia? Regreso al fútbol. Lo único que nuestra selección había producido en el 94 y el 98 era un par de jugadores buenos que actuaban en equipos de media tabla del exterior y un 5-0 ante una Argentina casi eliminada. Lo triste es que aún hoy, estos pasajes sin valor sientan a muchos a beber y a suspirar. Entonces, sabiendo ese largo recorrido importantísimo, ¿Cuál era el motivo de tanto orgullo?

Regreso a los personajes. ¿Qué es lo que tengo que saber de estos prohombres de la sociedad? Lamentablemente, el estúpido soy yo. Por un lado, lo que tengo que saber es que el susodicho tiene o puede tener unos conocidos que lo van a ayudar a salirse con la suya en una situación que a cualquier otro cristiano lo llevaría a pagar 10 años de cárcel. Lo que tengo que saber es que en un país donde todo se vale, la (in)justicia actuará de tal manera que una agresión física ante un policía pasa totalmente desapercibida. Lo que tengo que saber es que al policía que recibe la agresión, se le acabó la carrera por hacer su trabajo. Lo que tengo que saber es que este caso generó indignación por unos días y se guardará en el baúl de las anécdotas y curiosidades y que lo retomaremos por allá en el día de los inocentes para partirnos de la risa.

Caso número tres. Los altos magistrados de las altas cortes de la alta política del alto país lleno de alta mierda se unieron para pedir la renuncia de uno de sus altísimos colegas porque estaba siendo un poquitico sobornado por unas compañías para que fallara unos procesitos a su favor. La suma, al final, era una nimiedad. Los argumentos del grupo de serios altísimos, o Los Altísimos, acudieron al mismo argumento de los casos anteriores, pero esta vez con la variante del derecho greco-romana chibcha: ¡Qué falta de dignidad! Balbuceaban. ¡Qué atentado más macabro en contra de esta respetadísima y altísima institución! Ladraban. Se miraban los unos a los otros con los cachetes rojos y tratando de tomar aire:

—¡EXIGIMOS…[pausa para sacar el pañuelo y limpiarse las babas y el moco]…LA RENUNCIA DE ESTE SEÑOR!

¿Cuál dignidad? ¿Es que estas respetadísimas instituciones siempre han actuado bien y tienen unos precedentes valiosísimos que debemos recordar para no empañar su «buen nombre»? Todo lo contrario. Acá no hay precedentes sino prontuario criminal y expedientes en la fiscalía. No tienen derecho a acudir, bajo un argumento tan débil, a que se actúe de otra manera. ¿Cuál es esa casta que debemos recordar y que automáticamente los convierte en personas de bien?

Una frase muy acertada que alguna vez escuché de alguien hablando de fútbol dice algo así como: Somos unos bolivianos agrandados. Y no solo en fútbol, sino en todo sentido posible. Nos creemos mucho pero no tenemos nada, nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros tátara-tátara-tátara abuelos no eran nadie y no produjeron nada. Nosotros y nuestros hijos no son nada y no vamos a producir nada. Antes de que llegara el barco cargado de españoles borrachos a violar a los indios, no éramos nadie. En cambio después, tampoco. Y con esa irreverencia que nos caracteriza por seguir pensando que somos alguien y que tenemos demasiado pasado para estar orgullosos, miramos, por ejemplo, a los argentinos del 5-0 con desprecio diciendo:

—Es que se creen mucho. Son unos crecidos.

No sé si sean mucho, pero lo cierto es que por lo menos han ganado 2 mundiales. Nosotros mientras tanto, ni a cuartos de final hemos llegado… pero seguiremos siendo favoritos en nuestra cabeza.

Twitter:
@LaVentanaRota_
@diegocp6

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